miércoles, 21 de diciembre de 2011

y a tí que te gusta tanto esto de la guerra... (I)

Más de uno de nosotros sería rico si cada vez que le hayan formulado esta pregunta, recibiese una moneda.

...que haces que no te metes en el Ejército?


Dicho con curiosa incredulidad por un tercero, enterado del furor guerrero versión amateur. No le falta razón y se comprende: los chavales jóvenes con frecuencia suelen abrazar con pasión sus nuevos intereses, lo mismo que los ya creciditos a los que se les da por abrazar otras vidas que no han vivido. Hay a quien le da por hacerse impersonators de alguien.

Muchos de los aficionados al planeta milico (entre los que hay algunos, pero no todos, de los que disparan réplicas de bolas) se habrán planteado más o menos en serio, más o menos de dos nanosegundos el unirse a su ejército/armada de cabecera, por responder a la llamada de esa vocación. Alguno se habrá echado atrás por miedo al cambio o al riesgo, porque tenían la vida resulta de otro modo, una vocación más fuerte por otro lado, por motivos de salud o familiares. Por lo que sea, pero no han dado el paso.

Contador de batallitas de ustedes entre ellos, que según se va haciendo mayor está cerca de sentir algo parecido a la melancolía de los hombres que han deseado ser soldados sin haberlo cumplido. Pero su vocación no era tan poderosa y eligió otros caminos para llevar su vida. Porque creía íntimamente que jamás podría servir como es debido en la milicia del país que expide su pasaporte y que la opción era mantener una relación espuria con la bandera que ninguno de los dos merece. Porque el patriotismo, al igual que la fe, son dádivas que anidan en el corazón de uno. Que se tienen o estás jodido.

Y si con diecisiete años no tenía de lo primero es que las cosas han tenido que ser así.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Podría acertarte, pero necesitaría disparar bien.




Una de las prácticas más extrañas y vomitivas que he visto practicadas por esa especie peculiar de jugador ventajista-dadivoso es la del "poste igual a gol".

Permítanme explicar este tonto símil futbolero. Imagínense que en balompié para anotar un punto no vale solo si metes el balón al fondo de la red: también si pega en el palo, o que lo roce.

Según esto que me han intentado hacer en alguna ocasión, si la oportunidad de acertarte es clara (según su óptica tramposa o samaritana), especialmente en el jeto, vale con lanzarte una ráfaga por arriba, por debajo o un lado. Vamos, premiar el fallo sobre el acierto. El que en su delirio o mezquindad plantea eso en su cabecita tiene un bonito trasfondo psicológico, con una conclusión que podría ser que lo natural es errar, que acercarse al acierto es difícil, que manifiestas incapacidad para manejar tu herramienta con precisión y seguridad y principalmente que te importa una puta mierda el valor deportivo de tratar con justicia al oponente.

Me viene a la cabeza un episodio parecido. Salgo corriendo de un edificio a otro. A mi izquierda sale un paisano al que no había visto, dispara contra mí una nube de bolas desde un M203 con M16 debajo. Dan en el suelo, cerca de mis pies. En el proceso mi M14 suelta tres, quizás cuatro tiros desde la cadera, en semi, sin apuntar.

Grita alzando los brazos: "eh, tío!" y me detengo. "que te tiro la granada para no darte y tú encima me rafagueas la cara"

Atención a todos los datos. Puede darme muy fácimente con algo que tiene poquísimas posibilidades de hacerme ningún daño pero prefiere, siendo benévolos, tirarme a los pies y dar a entender que podría hacerlo al cuerpo. Cabía dispararme con el fusil? Quizá, pero hubiese tenido que apuntar y eso, amigo, no está al alcance de todos. Se sentía más seguro (o simplemente: le molaba más) haciéndolo con algo que por sus huevos toreros emite un arco de muerte de 180º .

En el lapso, le acierto a la carrera, disparando en lateral desde la cadera y más de una vez. Lástima de arrearle in the face, mas poética justicia para semejante cretino.

lunes, 5 de diciembre de 2011

FIBUA (neno que campo más guapo!)



Hay graffitis, todos feísimos.
Basura las más de las veces.
Cascotes mogollón.
Mugre acumulada en todas las aristas del ladrillo roto hace mucho.
Si el suelo no estuviese alfombrado de bolitas, parecería la localización para un episodio de Callejeros.

Hay quien les llama campos CQB y se matan y mueren por ellos. Por lugares que daría vergüenza enseñar a los padres de uno. Aquí es donde vengo a jugar a la guerra, mamá. Ahí, en la pila de neumáticos a medio quemar una vez maté a tres. Entre esa maraña de vigas oxidadas, al lado de las chutas, una vez vi una Claymore. Es una mina. No no, no explotan. Solo lanzan bolas.

En tiempo de guerra todo bujero es trinchera, claro. Pero hacerse fotos en ellas, como si quisiésemos recordarnos ahí...?

jueves, 1 de diciembre de 2011

La actitud es lo que importa

Sí, para el rock and roll.



Ninguno sabemos muy bien qué es eso de la simulación militar, y menos aún se atrevería a diferenciarla del airsoft "no-milsim".
Personalmente formo la opinión que se trata de dos actividades diferentes: el airsoft es lo que ocurre cuando juntas a gente con réplicas de airsoft, gafas y bolas. Si estos elementos no están presentes, no hay airsoft. Simulación militar es plantear escenarios realistas de combate simulado en los que entre otras muchas herramientas, se emplean réplicas de airsoft. Pero un evento donde no hubiese réplicas seguiría siendo milsim. Aunque ése es otro tema.

Un
mantra que se suele repetir mucho (por eso es un mantra, porque se recita en bucle sin pensar demasiado en qué carallo significa) es ése de
Palabras en mármol (número indefinido)

Definición universal de
milsim.
"Lo importante es la actitud, el compromiso. Estar dispuesto a llevar a cabo la misión que te encomienden en cualquier circunstancia"


Como principio no está mal, aunque también podría aplicarse a equipos de airsoft "lúdico" (misterioso término que se contrapone al... no lúdico?) especialmente motivados para salir en estampida, morir a los 30 segundos, volver todos al respawn y comenzar otra vez, en bucle.
Lo interesante y turbador del milsim es que tomando la base de que se emula algo de naturaleza caótica como es la guerra, cualquier situación posible es aceptable por realista. Por tanto, es igual de milsim el pasarse una semana en un agujero comiendo gominolas como que 50 tíos asalten a tiro limpio y sin más prolegómeno una nave industrial ocupada por otros tantos fulanos. Que te guste o no, que quisieras participar en una obra de teatro, es otra cosa. Se ofrece realismo a mentes receptivas.
Porque lo esencial no es intentar hacerlo, sino hacerlo convencido, ése parece ser el resumen del mantra.

Es muy admirable que entusiastas
amateurs continúen el juego bajo espantosas condiciones meteorológicas, mantengan una rígida disciplina y sigan las órdenes de mandos también aficionados en eventos diseñados por, adivínenlo...aficionados! y en definitiva, hagan ese juego mental de inmersión que se llama meterse en el papel.

Naturalmente es igual de comprensible que esos mismos se comporten de la manera más abyecta y mezquina si las cosas se tuercen, por mucho que ellos digan que son muy milsim.

Pero por mucha actitud que tengas ésta no te ayudará cuando te averguences de que la última vez que corriste más de 100 metros seguidos fue en el colegio, o que tras marchar algunos kilómetros por el campo seas un exhausto e irrecuperable cero a la izquierda, pero involucrado como el que más.

La actitud no te dice qué hacer cuando tienes que manejar un fuego artillería sobre un mapa, ni ayuda demasiado a montar algo remotamente parecido a una base cuando se trate de ir más allá de poner a un centinela en cada esquina.

Tampoco la actitud, o
los cojones como se diría en la tradición militar española, construyen un equipamiento personal adecuado.



Tal vez la diferencia sea que el airsoft va sobre disparle al otro sin que éste te acierte, mientras que la simulación militar además de esa habilidad básica requiere una concienzuda y amplia preparación para asumir un amplio abanico de contingencias.

Pero si le ahondamos en el argumento y le pasamos el infalible tamiz Stirling de "todo lo que pase será realista" entonces hasta el más inútil desharrapado tendría sus 15 segundos de milsim hasta en la pachanga más vulgar. Y posiblemente sea así.

Lo único que me atrevería a asegurar es que poco importa el transfondo o el carácter del juego en el que estés inmerso. Cuando sucede algo realmente "milsim" te cala hasta los huesos, y dirás que en ese momento sentías que todo tenía sentido y era perfecto.

Palabras de mármol (III)

De lo que le ocurrió a unos amigos.

"Eh, los de ahí abajo!" Tenéis que daros por muertos. Nosotros estamos a menos de veinte metros de vosotros, os hemos cogido desprevenidos, desde una posición elevada y tenemos una Minimi. Militarmente estaríais muertos."

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Nadie como él.





Cuando me veo en el campo de juego con gente a la que no conozco, en los descansos rompo el hielo contando sus historias. Gesticular como él e imitarle la voz ayudan a que el público no dé crédito primero, alucine después, vuelva a pensar que me lo estoy inventando y estalle a reír. Naturalmente lo hecho muchísimo de menos porque entre que algunas historias las olvido y otras las tengo ya trilladas, me voy quedando sin repertorio.

Como toda buena narración, tiene una conclusión al final que además, es abierto. "...y se metió en el Ejército!" Naturalmente siempre exagero.

Hache era como Homer Simpson, un personaje de dibujos animados, pura humanidad. Una caricatura encarnada en cuerpo rechoncho, siempre sonriendo, siempre amable. Como un niño grande, curioso, indiscreto, ajeno a las convenciones sociales. Con el conocimiento justo para pasar el día.

Nos apareció un día, hace ya muchos años, después de apuntarse vía foro DOGS a una partida. Su particular sintaxis y modo de hilar el discurso nos había puesto en aviso, como pasa tantas veces con quien se expresa por escrito.

Un día de invierno y frío terrible se materializa un Citroën AX que con las ventanillas bajadas deleita a todos los que allí esperábamos con una tonadilla rapera. Desde el puesto del conductor hace un gesto característico, moviendo el antebrazo derecho con la mano medio extendida. Se presenta. Dice que es Hache y le gusta el hip hop.

Es pequeño de estatura, rollizo, de piel cetrina, frente magra, ojos y boca muy pequeños. Es un manual de antropología a primera vista, de etnología en lo sucesivo: se me pega encima preguntándome mil cosas sobre esto y lo otro con un candor extraordinario. Habla atropelladamente y sin vocalizar, es difícil seguirle el hilo. Me muestra la Desert Eagle que acaba de comprar mientras explica que de tanto que le gusta el mundo gangta eligió esta pistola cromada, y acompaña de un show visual donde adopta todas las posturas que ha visto en las películas de negros. Empuña con las cachas paralelas al suelo, hey brother, dice. Yo soy un poco hijo de puta y exploto la mina todo lo que puedo, embelesado.

La visión del mundo de Hache es extraordinaria. Comienza la partida: somos un grupito que avanza entre los frondosos helechos que nos cubren hasta la cintura. Él va de último con su M16, sin referencias raperas esta vez. Es todo tensión, contrae la mandíbula y pone unos ojos alucinados que dan miedo. Dirige el fusil hacia todo lo que le llama la atención. Un tronco caído. Una lata de refresco del suelo. Lo insondable del bosque.
Los de la vanguardia creen ver al equipo rival, echan rodilla a tierra. Hache, que sigue en la zaga ve como en un pestañeo sus amigos han desaparecido entre la maleza. Medio minuto después, no parecen haber visto a nadie y se incorporan desde el mismo punto en el que se había agachado. Reciben varios disparos de M16 desde detrás, un bonito episodio de fuego amigo. No había asumido que quien desapareciese de su visión para dejarse ver de nuevo era la misma persona - su compañero, en este caso.

El episodio se repitió en los siguientes minutos hasta conseguir una hazaña como matar a todos sus compañeros. Era solo el principio de la carrera de un personaje excepcional.

Como otros grandes cómicos, Hache tenía su partenaire. A lo Abbot y Costello trasladados al rural gallego profundo, pasados por el triturador de Valle Inclán y un toque de Cela, a su compadre podríamos considerarlo rayano al retraso mental y por eso tampoco nos cebaremos. Era completamente dependiente de nuestro héroe, que le trataba despóticamente. A cambio, Ele -que así le llamaremos- se desvivía en adquirir los gustos y aficiones de su amigo, como el ir a jugar al airsoft, pero quejándose permanentemente de todo. Pasaba verdadero pánico durante la partida como nunca he visto a nadie, sudaba abundamentemente y goteaba su diminuta nariz donde apoyaba, al final de ésta, unas finas gafas sin montura.

Ele entró en la leyenda al caminar, tambaleándose por los nervios pero con expresión triunfal, hacia nosotros al final de una partida de capturar la bandera. Lo habíamos colocado a medio metro del objeto a defender y verlo después de que el equipo rival cogiese nuestra bandera nos llenó de extrañeza. Preguntándole qué había pasado, se secó el sudor de la frente para contestar con voz trémula algo como "lo he logrado, sobreviví" detallando cómo se hizo un ovillo en un agujero.

También colocó un láser sobre su Glock26 de tal modo que solo podía accionar el gatillo con el dedo corazón. abrazando la empuñadura solo con el pulgar. Pasaron semanas hasta que supo que el láser era visible también desde el otro lado. Era común ver una luz pequeña y rojiza desde la maleza, muy a lo lejos.

Hache, humorista a su pesar, guardaba enorme talento para el espectáculo y el entreteniemiento. No se cortaba en proferir frases desafiantes engolando la voz, guturales y poco definidos gritos como "no me cogeréis con vida" mientras se retiraba a trompicones. Solía acompañar esas huídas disparando lo que tuviese -pistola, fusil- hacia atrás, sin mirar.

Sin embargo, no todo eran alegres charlotadas. Incapaz de hacer cualquier cosa, por insolentemente sencilla que fuese, a derechas, muchas veces provocaba el enfado de sus compañeros que intentaban trabajarse la partida. Su escasa capacidad de comprensión, limitada habilidad comunicativa y delirante percepción de la realidad le convertían en un estorbo en el juego cuando no en un verdero peligro. Gustaba de soplar por el cañón de la Desert Eagle amartillada, con el dedo en el gatillo, para que "no quedase así, como en tensión".

Quizás el máximo episodio que protagonizó fue antes y durante una de las celebradas milsim (para 2006) que organizamos DOGS en ese profundo, misterioso y complejo campo de Lugo. Cuando se convocó el juego con semanas de antelación, Hache insistó en su intención de asistir. Le explicamos que ese no era su tipo de partida, que no le iba a gustar, que no iba a haber muchos disparos, que se iba a aburrir. Nada de eso importó en su determinación, así que como mal menor le incluímos entre el staff de organización.

En aquella avanzada (para la época) partida nosotros la organización, junto a amigos escogidos interpretaríamos a la guerrilla africana haciendo maldades. Básicamente montamos un campamento e hicimos "vida normal chabolista" durante unos dos días para que los buenos recolectasen información sobre nosotros.

El equipamiento de Hache para dos días de campamento se limitó a seis litros de coca cola (que usualmente bebía con frenesí) y una caja de Panteras Rosas. Como armamento, un fusil y su Desert Eagle. Creo que se mentalizó para hacer el rol de un guerrillero africano por su actitud más distante de lo habitual la mayor parte del rato.
Se metió dentro de uno de los hoyos más alejados que habíamos cavado a modo de trinchera, él solo mientras los demás compartíamos con otro.
No faltó mucho para que hiciese de las suyas: a primera hora de día, mientras montábamos todo el atrezzo y los jugadores siquiera habían llegado, él ya veía regularmente en el bosque a enemigos. Quizás fuese una especial percepcion de los seres de la naturaleza, pero durante la noche gritaba a voz en cuello que veía a dos enemigos, uno con prismáticos y otro con un G36. Cosas así. De noche. Al principio le hacíamos caso, pero al pasar las horas continuaba avisando. "Necesito refuerzos, hay cuatro enemigos!" "Joder, vienen hacia aquí, hacedme caso!"

En estas, mientras entonábamos cántico un africano o simulábamos peleas para entretener a los equipos de reconocimiento enemigos, hacíamos sonar en una pequeña radio música local (del África negra) en la que por suerte había algún tema rap. En ese momento venía de la penumbra la figura grotesca de Hache caminando como sus ídolos. Venía con parsimonia, dejaba caer un "yeah, yeah" y retornaba hacia la oscuridad y su aguajero.

En determinado momento una pareja de otra trinchera elevó el volumen de su conversación y soltaron sonoras risotadas. Algo se encendió en la cabeza de nuestro protagonista, que abrió fuego con todo lo que tenía sobre los compañeros que llevaban ahí todo el día y toda la noche a la vez que naturalmente, pedía refuerzos. Los que soportaban las bolas sobre su cabeza lejos de preocuparse rieron más fuerte y no se les ocurrió otra cosa que lanzar una luz química al cielo. Esto encendió el terror y la sorpresa de Hache, que maníacamente seguía reclamando ayuda mientras todo el campamento de la sanguinaria guerrilla africana era una coña.
Más tarde, ya somnolientos, se pudo escuchar los pasos de un gran animal en el perímetro del campamento: una vaca despistada. Al otro animal no se le ocurrió cosa mejor que reclamarla haciéndole "muuu, muuu" con tal suerte que la res quería hacer buenas migas con nuestro amigo.

De cuando en cuando, ya aburridos de tanto hacer el cretino/africano, disparos desde el habitual agujero nos sobresaltaban.
-Qué ocurre, Hache?
-Estaba mirando si la pistola aún tenía munición, señor.

Desde luego cuando al amanecer nos cayeron encima treinta tíos de la movida contrainsurgente, Hache ya había consumido sus bolas en comprobar si le quedaba.

El hombre con peor puntería del mundo




Solía decir que prefería las réplicas de gas sobre las eléctricas porque le parecían más realistas, que ese ruidito del AEG como que no era serio. Que el PLAS PLAS era cosa de hombres. Perfecto. Así que se llevaba una UZI de KWC, algo muy espectacular, con una cadencia del demonio que pegaba unos petardazos increíbles. Hasta molaba que te disparase con eso.

Semanas más tarde continuó por esa línea sorprendiéndonos a todos con un M1 Carbine de Marushin. 8 milimitracos de bola, que volaba lenta pero muy lejos y precisa. Guau. En aquellos días se dejaban ver poquísimas cosas con esas prestaciones, pero tampoco era de sniper. Aunque hubiese que acerrojarla a cada disparo, era como muy pequeña como para entrar en esa categoría.

La breve trayectoria de este hombre por los campos pasó con placidez y discreción, solo remarcable por su fijación con el gas.

Hasta que un día me lo encuentro disparando a un chaval en la lejanía de espaldas, demasiado ocupado repeliendo ataques en otra dirección. Mi AEG no le alcanzaba ni de coña, pero nuestro héroe continuaba tiroteándole feroz pero esterilmente, enfadado. Cada garbanzo de 8mm para Cuenca. Casi lamento interrumpir su tirada al decirle que me pase el M1, que hay que arreglar lo de ese fulano. Encaro la carabina a ojo y aprieto el disparador. El protectil vuela limpia y suavemente toda esa notable distancia hasta acabar en la espalda del rapaz, que se levanta con la mano arriba.

No, no es que yo fuese un extraordinario y muy instintivo tirador. Era un disparo que cualquiera podría haber hecho de primeras. Me quedé con la copla y ese día procuré ir junto a él, fijándome en qué hacía.

Resulta que no le daba a nadie. Nunca. Solo se encontraba con alguien, se disparaban y él moría. Algo virtualmente imposible, más con la cadencia de esa UZI que usaba profusamente en CQB. Al día siguiente nos enteramos que esa mierda con razón pegaba petardazos, porque disparaba a 450 fps. Eso sería una máquina de reventar gente tal en esas circunstancias, pero como jamás acertaba a nadie, no había peligro.

Cohibido por la insospechada potencia destructura del subfusil y no menos alarmado por los casi 550 fps del ala del M1, rápidamente fue espaciando sus comparecencias en los campos hasta cesarlas. Desde entonces es el hombre con la peor puntería del mundo, honor indisputado hasta la fecha.